|| ENTREVISTA

Magalcuer inauguró una planta industrial modelo


Magalcuer S.A. es una empresa familiar de capital 100% argentino que exporta cerca de 4 millones de cinturones y hebillas por año. En 2004 inauguró un complejo de 30.000 metros cuadrados en el Parque Industrial Pilar, a 40 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, donde instalaron su fábrica de cinturones, de hebillas y la planta de terminación de cuero. En esta entrevista con CueroAmérica, su fundador y presidente, Norberto Castellán, explica por qué este emprendimiento es único en el mundo.


Magalcuer inició sus actividades en 1987 con una planta en la ciudad de Buenos Aires y comenzaron a exportar pequeñas cantidades de cinturones a los Estados Unidos en 1989. El 10 de julio de 1990 decidieron mudarse a una nueva instalación con mayor capacidad y en 1993 abrieron su propia fábrica de hebillas. En 1995 agregaron una planta de terminación de cuero y ahora unieron las tres unidades productivas en la que acaban de inaugurar en el Parque Industrial de Pilar.

La empresa invirtió aproximadamente US$ 8 millones en esta planta, donde pueden producir 1 millón de cinturones mensuales, y planean en el futuro elaborar allí mismo 50.000 carteras de cuero y 100.000 billeteras por mes. En abril de 2003 la fábrica fue certificada con las normas ISO 9001 y trabajan además de acuerdo a las reglas IRAM 3800. Ahora están tomando las medidas necesarias para obtener las ISO 14001.

Estas instalaciones se caracterizan por incorporar tecnología de punta y por la integración vertical de los procesos productivos ya que en ellas se desarrolla en forma integral la terminación de cueros y la fabricación de hebillas, lo que le permite entregar los pedidos en 10 días en vez de 120 como el resto de las compañías. “La ventaja que además tiene Magalcuer es que se amortiza los costos usando la misma estructura de oficinas, de gente, de gastos y de experiencia”, consideró Castellán.

“Las exportaciones de Magalcuer comenzaron cuando nos presentaron al primer cliente americano. A partir de allí, un cliente nos recomendó a otro y así despacito empezamos. La línea de conducta siempre está sobre le mesa y eso nos ayudó”, dijo Castellán.

“Nos fuimos verticalizando con los años. Se reinvertía absolutamente todo en tecnología y en maquinaria. Tuvimos muchas equivocaciones y las seguimos teniendo pero fuimos perseverantes. Aunque pasamos pésimas épocas durante los años que rigió la Ley de Convertibilidad (*), pudimos seguir exportando y mantuvimos un nombre relativamente bueno en el exterior”, recordó.

Castellán informó que Magalcuer ocupa el 4% del mercado de cinturones de Estados Unidos y proyectan elevar su participación allí al 12% en dos o tres años. “Datos oficiales de organismos americanos indican que en 2003 el país importó US$ 600 millones en carteras de cuero y esa cifra llega a 1.500 millones si se suman las de sintético. De ese total Argentina exportó US$ 400.000. Hay posibilidades, y el mercado es tan grande que no podemos abarcar absolutamente todo”, consideró.

La estructura productiva de Magalcuer incluye las áreas de fabricación de herrajes con matricería interna, de terminación de cueros y de producción de cinturones. Planean abrir para principios e 2005 una nueva división para la fabricación de artículos de marroquinería, para lo cual ya están trabajando en los modelos de carteras de mujer.

A la hora de explicar el éxito de su empresa, Castellán consideró “en la Argentina hay subas y bajas continuas pero pusimos siempre “al mal tiempo buena cara”. Mi padre era empleado de almacén (N. de la R.: tienda de comestibles) y lo único que me dejó es una línea de conducta. Aprendí a ser paciente, a manejar las ansiedades y ser perseverante. Es cuestión de trabajar porque el cuero es un material viviente y eso implica que es necesario estar atento a ello. En este tema, todos los días se aprende algo nuevo,” dijo el presidente de Magalcuer.

Enfatizó que ya había pasado la época en que uno fabricaba lo que ya sabía hacer y luego intentaba venderlo, porque actualmente el cliente pasó a ser el jefe y uno debe producir en función de lo que éste necesita. “La gente piensa que para hacer una cosa así [como nuestra fábrica] en la Argentina hay que ser un genio, y no es verdad. Todos tenemos dos brazos, dos piernas y dos ojos. La única diferencia está en hacerlo, en cuál es la visión o qué tipo de sacrificio está uno, y su familia, dispuesto a pasar. Y muchas veces en cómo se arman y se llevan a cabo los proyectos”, agregó.

Castellán explicó que sus clientes no eran las cadenas de locales sino quienes les vendían a ellas, es decir las fábricas que funcionaban como proveedores de las grandes marcas. Sin embargo, las mismas cadenas de tiendas inspeccionan las instalaciones de Magalcuer para cuidar su propio nombre e imagen, y por ello una vez al año realizan auditorias para constatar el cumplimiento de cuestiones relacionadas con los de derechos humanos, impuestos, seguridad y medio ambiente, pero no para verificar la calidad del producto.

Entre las compañías de Estados Unidos que ya aprobaron a Magalcuer se cuentan Phillips Van Heusen Corp., Kohl’s Department Stores, Liz Clairborne Inc., May Department Stores International Inc., Polo, Sean John, Saks Incorporated., Federated y Fossil.

La mayor parte de sus exportaciones van a  Estados Unidos, Inglaterra, Chile, Brasil, Panamá, México, Japón, Singapur, Holanda, Perú, Italia y Alemania. Entre sus clientes se encuentran empresas que obtuvieron licencias de las marcas: Guess, Nautica, Calvin Klein, Tommy Hilfiger, Kenneth Cole, Polo Ralph Lauren, Donna Karan NY, Liz Clairborne y Chaps.

Norberto Castellán explicó que consideran que todos los cinturones que ofrecen están entre los productos económicos porque sus precios son muy competitivos. Dijo que no hacen ninguna diferencia en cuanto al control de calidad porque tanto los cinturones elaborados con material de alto como de bajo costo son sometidos a rigurosas pruebas. “Lo importante es que quede identificado que los que son de rango menor son así no por la calidad sino por el material que se está usando. Estamos empeñados en no hacer ninguna diferencia ni en la fabricación ni en el control de calidad”, afirmó.

En diciembre de 1995 la Fundación Invertir Argentina les otorgó el “Premio Invertir” en reconocimiento a su aporte al crecimiento del país. En octubre de 1997 fue la Fundación Export-Ar quien los distinguió con el Premio Exportar, y en 1998 IPYME del Banco Galicia les entregó una mención especial.

“Yo digo siempre que no soy un patriota pero la realidad es que este es mi país y creo que es de lo mejor. El problema es quizás el 1% de todos sus habitantes pero no el 99% restante”, opinó el presidente de Magalcuer.

Recordó que en repetidas ocasiones hizo mucho hincapié en que los fabricantes locales impriman el logo de “made in Argentina” en todos los productos nacionales. “Tanto a mí como a las empresas que yo presido les costó unos cuantos años poder estampar el “made-in Argentina” de manera que sea legible en el cinturón, porque al principio quedaban tapados. Este es un sello al exterior que significa para nosotros que estamos alcanzando ciertos estándares de calidad”, expresó.

Castellán explicó que cuando hablaba con gente del sector los estimulaba a intentar al menos en parte la exportación de su producción porque en el mercado interno era común estar con mucho trabajo unos meses y luego quedar sin nada por un buen tiempo. “Uno puede darles este consejo porque es bueno y quiere que también lleguen los demás, pero por otro lado los clientes extranjeros no vienen por nosotros solos ya que también van a visitar a los competidores. Entonces sería exactamente tan beneficioso para una como para otra empresa que llegaran compradores al país”, aseguró.

La empresa se organizó a su vez en 4 departamentos. La dirección financiera  está en manos de Luis Biman, el área de producción y sourcing la preside Darío Castellán, la dirección comercial esta bajo la responsabilidad de Magalí Castellán y el gerente de administración es Gustavo Rivero.

Magalcuer y la gente

Durante la visita que el presidente Néstor Kirchner hizo a la nueva fábrica el pasado 23 de junio, Castellán anunció que el directorio de Magalcuer había decidido que en el término de dos años se iban a distribuir utilidades entre todos los trabajadores.

En Magalcuer trabajan alrededor de 600 personas que cuentan con un servicio de cocina y comedor. La planta tiene enormes claraboyas de luz en toda su extensión para que la gente se sintiera más cómoda y menos encerrada. A su vez, la empresa decidió crear una escuela de inglés y de computación en el mismo predio, totalmente gratis para los empleados y sus familias.

“Los obreros me preguntan si para su trabajo tienen que estudiar esos temas y básicamente la respuesta es que no, pero estoy convencido de que van a demostrar en la vida y no en la fábrica que están mejor educados. Yo trato de no ser utópico ni idealista, pero sí práctico y coherente. A la larga uno es egoísta porque da lo que uno hubiera querido recibir.  Además,

el ambiente en que se trabaja es muy bueno y eso es lo que produce mayor productividad y eficiencia”, dijo Norberto Castellán.

El personal en conjunto colabora con un comedor para niños en la zona de Valentín Alsina, en la provincia de Buenos Aires, mediante la venta de diarios y papeles usados.


 * N. de la Redacción: Durante unos diez años Argentina tuvo por la Ley de Convertibilidad atada su moneda al dólar de los Estados Unidos, en una paridad de 1 a 1. La inflación que registró su economía llevó a que sus costos internos aumentaran en dólares. Durante gran parte de esos años los costos de Argentina estuvieron muy por encima de los del resto del mundo, haciendo que sus productos no fueran competitivos tanto dentro como fuera del país.

   

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