|| BOLIVIA

La informalidad en las microempresas de El Alto


Carlos Bilbao La Vieja Pozo desarrolló un interesante trabajo sobre el eterno problema de la informalidad de las micro y pequeñas empresas. En este caso se concentró en las curtiembres de la ciudad de El Alto, en Bolivia. La disyuntiva de acceder a la economía formal o correr el riesgo de desaparecer, esta muy bien analizada y se puede asimilar al fenómeno que viven  este tipo de empresas en toda América Latina.


El actual modelo económico en el que estamos viviendo, es incapaz de absorber productivamente a una fuerza de trabajo que crece a un ritmo muy superior al de la generación de empleo (1). Se estima que ingresan anualmente al mercado laboral unas 100.000 personas(2). Ante esta realidad ha surgido y expandido desde hace varios años en los centros urbanos – principalmente de las ciudades del eje central – el fenómeno de las actividades empresariales de menor escala, especialmente de la microempresa y lo que se denomina autoempleo o cuentapropismo (2), cuya importancia económica ha sido reconocida como la “tabla de salvación” en el tema de la tensión social por falta de empleo y ha podido generar la subsistencia de muchos ciudadanos (2). Pese a que estas microempresas generan una dinámica económica (3), los analistas coinciden en que no son una alternativa de desarrollo por el hecho de que deben afrontar problemas de diversa índole: escaso nivel de capital, carencia de equipamiento actualizado, desconocimiento de mercados, falta de estandarización de la producción, sobreexplotación de la mano de obra (entorno familiar), falta de competitividad, entre otros (4).

Por otra parte las microempresas guardan celosamente sus conocimientos y técnicas de producción y si bien poseen gran capacidad de cerrar filas para marchar y protestar contra la Autoridad o para organizar fiestas colectivas, no se verifica la misma capacidad para la organización de actividades orientadas a la búsqueda colectiva de soluciones a problemas productivos comunes (4). Esto muestra claramente que ya están articulados a mercados más seguros, aunque menos rentables y menos exigentes en términos de calidad (3).

El nivel de relacionamiento entre las microempresas y las instituciones públicas y privadas es muy bajo. El tema de la cantidad, costo y tiempo asociados a los trámites que deben cumplir las empresas en general está además destacado por el hecho que, en Bolivia predomina la actitud de “país tranca” es decir que además de la existencia de obstáculos, trabas o trancas para hacer negocios, las autoridades y los funcionarios públicos tienden a dificultar aún más las gestiones adoptando una serie de actitudes y de comportamientos negativos y de abierta animadversión hacia los pequeños empresarios (2).

Consecuentemente las microempresarios adoptan el comportamiento de “no dejarse mirar” e insisten en mantenerse en la informalidad, inclusive cuando los costos de esta informalidad superan los pagos de deberes formales de una empresa legalmente establecida (3). Otras causas para mantenerse en la informalidad podrían ser:

  • El desconocimiento de los deberes formales para la apertura y mantenimiento de un establecimiento económico (RUC, Licencia Municipal, Ministerio de Trabajo, Caja Nacional de Salud, Administradoras de Fondo de Pensiones, etc.).

  • Temor y desconfianza a las entidades públicas, ya que la imagen que tienen del Estado – como dice la socióloga Fernanda Wanderley (4) - es la del funcionario corrupto que los extorsiona.

  • Reducción de costos con el fin de poder vender sus productos acabados a un menor precio en un mercado local altamente competitivo. Y estos costos son sin duda los de la formalidad y la retribución a la mano de obra.

Dentro de este marco general, las microempresas curtidoras de El Alto no son la excepción. Si bien muchas microempresas de otros rubros pueden trabajar “a puerta cerrada”, inadvertidas por autoridad alguna, hoy en día no sucede lo mismo con las microempresas curtidoras que están dispersas en la ciudad de El Alto. Por las características del proceso productivo que conlleva la actividad, están enfrentando la oposición de juntas vecinales y comunales que se sienten afectadas, principalmente por la generación de malos olores en las alcantarillas y cuerpos de agua, situación que les pone en serio riesgo con las instancias ambientales. En este caso sí van de la mano la autoridad municipal y la vecindad.

Esto significa que ya les será cada vez más dificultoso mantener su condición de informalidad –aunque es posible que encuentren formas de camuflarse muy bien- y entre el corto y mediano plazo tendrán que regularizar la situación de su establecimiento económico para continuar vigentes. Este hecho necesariamente ha de alterar sus modos de trabajo. Por una parte tendrán que modificar su estructura de costos y por otra introducir mejoras en sus procesos productivos así como encarar el problema del medio ambiente.

La vigencia de las microempresas curtidoras de El Alto se debe a la existencia de un mercado poco exigente en cuanto a calidad tal como lo son el interno y principalmente el de la zona fronteriza de El Desaguadero donde llega el cuero acabado bajo la forma de prendas de vestir (principalmente chamarras). Este mercado fronterizo aplica una política de hacer bajar los precios gradualmente en detrimento del curtidor.

Por todos estos antecedentes podríamos concluir que el panorama para el subsector de las microempresas curtidoras estaría presentándose nebuloso. Sin embargo existe la alternativa para revertir esta tendencia negativa y proyectar al microempresario curtidor al campo de la eficiencia productiva. Este camino tiene que iniciarse por un cambio de mentalidad, ya que en este mundo globalizado no hay espacio para pequeños emprendimientos (4).

A mi forma de ver, el primer paso tendría que darse con el agrupamiento físico de estas unidades productivas en una zona o parque industrial. Este aspecto ya está contemplado en el RASIM (5) para unidades industriales Categorías 1, 2 y 3 en las que están incluidas todas las tenerías, no importando su tamaño. El Gobierno Municipal de El Alto dentro de su Plan de Ordenamiento Urbano y Territorial ya tiene definido el área donde se instalarán estas industrias.

Una vez agrupadas las microempresas curtidoras en un área común, pueden compartir el uso de sus maquinarias tal cual hoy lo hacen, es decir bajo la forma de arrendamientos. Se podría incorporar a esta figura la compra conjunta (y porqué no la donación) de máquinas herramientas e instalarlas en ambientes para uso común bajo una administración compartida, empezando a trabajar bajo una dinámica de grupo. Las prácticas de producción más limpia y la capacitación técnica, que es la más sentida, serían mejor aprovechadas.

Esta forma de trabajo haría que se den cuenta en la misma faena que muchas operaciones comunes son más convenientes de realizar en conjunto tanto desde su operación como de su economía y sentarían bases sólidas para la formación de futuros consorcios productivos, que si bien en un principio no los llevarán directamente a tratar con nuevos mercados, al menos facilitaría su incorporación a encadenamientos productivos y puedan encarar con prestancia coyunturas como la del ATPDEA (6), que hoy solamente la ven pasar.

En estos días por diferentes medios de comunicación está insistiendo en el Registro Ambiental Industrial (primer paso del RASIM), lo que está haciendo que los microempresarios curtidores informales se debatan entre continuar en su actual condición o formalizar la situación de su empresa. Para aquellos que se decidan por la segunda opción, el cambio en principio va ha ser duro, pero las convertirá en una alternativa de desarrollo, generando empleo de calidad, productivo y sostenible.

(1): Los trabajadores por cuenta propia en La Paz – CEDLA, 1988

(2): Construyendo el desarrollo a través de la PyMEs – FUNDES, 2003

(3): Nueva Economía – Nº 375, 2001

(4): Ser Productor en El Alto – CEDLA, 2000

(5): Reglamento Ambiental para el Sector Industrial Manufacturero

(6): Ley de Promoción Comercial Andina y Erradicación de Droga


Carlos Bilbao La Vieja Pozo es impulsor de la Asociación de Artesanos Curtidores en Pieles de El Alto y miembro del Directorio de ABOQUITEC. El artículo fue cedido a CueroAmérica por ABOQUITEC.

   

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