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El sector curtidor
mantiene un bajo nivel de actividad
Las actividades de las curtiembres de Venezuela se
vieron fuertemente afectadas por el paro industrial y comercial que
terminó en un fracasado intento derrocar el gobierno de Hugo Chávez. Este
paro patronal combinado con el denunciado “sabotaje” generalizado a
instalaciones petrolíferas, puertos y gasolineras, paralizó una gran parte
de la actividad económica del país entre diciembre de 2002 y enero de
2003.Informe de Richard Smith desde Cagua, Edo. Aragua, Venezuela.
El dólar, un tema clave
Cuando la “huelga” del
empresariado venezolano se encontraba en la mitad del período que ocupó,
hubo unas compras masivas de dólares que el gobierno denunció como un
intento desangrar el país de las reservas internacionales. Esto se
extendió durante un periodo de diez días hasta el 17 de enero, fecha en la
cual el gobierno congeló todas las transacciones de divisas e instaló un
régimen sumamente estricto de control de cambio. Pocos días más tarde, la
tasa de cambio se fijó en 1.600 bolívares por cada dólar, y durante varias
semanas no se vendieron dólares oficialmente, mientras que una comisión de
control de cambios, CADIVI, fue estructurada para regular la venta de
dólares. Dichos dólares fueron reservados para empresas que estaban al día
con todos los impuestos tanto federales como municipales y unos diez meses
más tarde, estas reglas siguen aplicándose. Para el otorgamiento de
divisas se priorizan las importaciones de primera necesidad, tales como
productos alimentarías y medicamentos.
Las
consecuencias
Uno de los primeros
efectos en el sector cuando la “huelga comenzó el 2 de diciembre, fue la
gradual disminución de materias primas y de insumos químicos, con la
consecuente caída en la producción. Tras las medidas gubernamentales del
17 de enero, las opciones abiertas a las curtiembres eran o recurrir a
stocks todavía disponibles localmente o importar usando divisas
depositadas fuera del país, con el riesgo de que no pudieran ser
reconvertidos a dólares una vez transformados en productos importados.
Además, el valor de los
productos químicos aumentó un 60% porque tanto las compañías productoras
como los proveedores locales ajustaron sus precios de acuerdo al cambio
del mercado negro, que ha sido durante todo el año a una tasa aproximada
de 2.500-2.600 Bs. / US$.
La
competitividad desaparece
De manera similar,
compradores colombianos comenzaron a ofrecer dólares por pieles saladas a
los mataderos venezolanos: Estos dólares se podían cambiar en el mercado
negro de Cúcuta (ubicado en la frontera entre ambos países) a una tasa de
2.500 Bs/US$. Como la curtiembre local estaba operando en bolívares, los
mataderos aumentaron el precio de sus pieles saladas alrededor de un 60%.
Esto le significó a las curtiembres venezolanas quedar completamente fuera
de competencia tanto nacional como internacionalmente.
Con las nuevas reglas
para el comercio exterior, todos los dólares ganados en exportaciones
deben ser repatriados y vendidos al Banco Central de Venezuela al valor
oficial de 1.600 Bs/US$. Por lo tanto, a los productores de pieles locales
se les hizo imposible comprar insumos a una tasa de cambio 2.500 y vender
sus productos a una de 1.600, resultando en la casi completa suspensión de
las exportaciones, que en los últimos cinco años habían sido
principalmente en wet blue y a Italia. También, resultó que los operativos
y el personal de las curtiembres fueron reducidos al mínimo necesario para
seguir funcionando. Esto también tuvo sus límites porque tuvo que respetar
los parámetros de la ley de “inmovilidad laboral”, que está vigente hasta
finales de diciembre y probablemente será extendida unos seis meses
adicionales.
Atrapadas
en el mercado nacional
Con tantos problemas y
distorsiones competitivas, el único mercado que permaneció abierto fue el
de la manufactura local de calzado, pero allí también se presentaron otras
dificultades. La huelga generó la pérdida de alrededor de 400.000 puestos
de trabajo. De estos nuevos desempleados, muchos fueron despedidos
ilegalmente, sin cancelar las prestaciones sociales. Por otra parte, la
inflación aumentó considerablemente en los primeros 6 meses del año y se
espera que el PIB para el 2003 disminuya un 10%. Como consecuencia, la
compra de calzado bajó al menos un 40% en los primeros tres cuartos del
año.
En este contexto, las
curtiembres se vieron obligadas transferir el aumento del 60% en los
costos de producción al consumidor final, lo que significó que el precio
de un par de zapatos de cuero de calidad promedio sea igual al 30% del
salario mínimo.
El
desenlace no está cerca
Se espera que los
factores estacionales, como la temporada de Navidad, ayudarán a sacar al
mercado del estancamiento. Pero la mayor demanda –y esto es evidente en
las vitrinas- esta orientada hacia los zapatos elaborados con materiales
sintéticos, ya que éstos son más accesibles. Actualmente, los locales de
calzado están stockeados de productos que esperan esa “fiebre” de Navidad.
De acuerdo a G. Foglietta,
el Director Gerente de la Curtiembre 1º de Octubre de Cagua, deberá haber
una flexibilización en las restricciones para adquirir divisas, de manera
que el mercado puede recuperar algún nivel de normalidad, pero todavía es
imposible predecir cuando va a suceder. Sin embargo, en el momento de
escribir este artículo, CADIVI acaba de aprobar el uso las tarjetas de
créditos en el exterior con ciertas limitaciones, lo que se puede
interpretar como una señal positiva para una futura flexibilización del
control de cambios.
Según la opinión de los empresarios, bajo las actuales circunstancias, es
una cuestión de sortear obstáculos y tratar de mantener las curtiembres
operando a un nivel mínimo hasta que haya al menos una relajación en las
políticas de cambios. Hasta que llegue ese momento, no es probable que se
resuelva el impasse que ahora afecta a las curtiembres venezolanas.
(El autor agradece al Sr. G. Foglietta por su
tiempo y contribución a este artículo) |