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|| EL MAL DE LA VACA LOCA |
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Inmediatamente, del mismo modo en que sucedió cuando se dio un caso similar en Canadá, una treintena de países resolvieron cerrar sus puertas al ingreso de carne proveniente de los Estados Unidos. El campo norteamericano es uno de los más grandes productores de carne y si bien es un gran exportador, el 80% lo consume su mercado interno. Asimismo, los Estados Unidos es un muy importante exportador de pieles de calidad. La existencia de la enfermedad crea una sensación de desconfianza en el público consumidor. Por este motivo su aparición periódica en diversas regiones del mundo, especialmente en sociedades extremadamente sensibles al cuidado de la salud como las de Europa Occidental, Canadá y USA, puede estar minando -lenta pero inexorablemente- los hábitos alimenticios de mucha gente.
En este sentido, no estaría demás que nuestro empresariado y las asociaciones que los reúnen acercaran su preocupación, y en la medida de lo posible su colaboración, en la lucha por mitigar la existencia de este problema. Para ampliar el análisis del tema, podrán leer a continuación un artículo publicado el 26 de diciembre por diario argentino La Nación, elaborado por un experto en tema ganaderos. Los precios en EE.UU. se desmoronarán Por Alberto de las Carreras (Para LA NACION) Si el mundo reacciona con este animal afectado del mal de la vaca loca en Estados Unidos como ocurrió en mayo pasado con el caso de Canadá -y todo lo demuestra así- se ingresará en la crisis sanitaria y comercial más importante desde la primera corriente comercial de carnes del mundo, que unió el Río de la Plata con Europa, hace 120 años. La crisis se alimenta con la sumatoria del caso presente y de las vedas vinculadas con la aftosa que conocemos bien. En el caso canadiense bastó que un animal estuviera afectado para que el mundo prohibiera el ingreso de animales y carnes de ese origen, generando un grave daño a la ganadería vacuna de ese país. Estados Unidos, gran importador de carnes y ganado de Canadá estuvo a la cabeza de esa reacción, de manera que no se podrá extrañar ahora si hay iguales sanciones de parte de otros. Varias son las consecuencias imaginables. Como en el pasado, podría ocurrir una onda de reducción mundial del consumo de carnes vacunas y trasladarse a productos porcinos y avícolas. Hoy, sin embargo, se sabe que por transmisión al humano murieron en 15 años en Europa 130 personas, un número cierto y menor, en tanto que en el caso europeo anterior sólo se sabía que la incubación del mal era lenta y a punto tal que hubo pronósticos catastróficos, que finalmente no ocurrieron. Los altos precios del ganado en Estados Unidos se desmoronarán como ocurrió en Canadá. Los norteamericanos, que consumen el 90% de la producción vacuna, bajarán esa dieta y reducirán sus exportaciones, que sumaban un millón de toneladas, una sexta parte del total mundial y también sus grandes importaciones de otro tanto. Japón y Corea del Sur, grandes importadores que reaccionaron con fuerza con una prohibición sobre Canadá, sentirán un fuerte impacto en su abastecimiento por la veda de importación desde Estados Unidos, compartida casi exclusivamente con Australia. Este país, libre de aftosa y de "vaca loca", podría beneficiarse de la desabastecida demanda asiática; tendrá la compañía de Nueva Zelanda, de menor potencial exportador, pero también libre de ambos males. La Argentina, sin ventajas En la Argentina nuestros consumidores que absorben el 85% de la producción vacuna han demostrado no preocuparse por el tema. El 15% que se exporta podría verse afectado si ocurre una baja de precios internacionales. Hubiéramos tenido una posición parecida a la de Australia si no tuviéramos tantos mercados cerrados con motivo de la aftosa. Brasil tendría alguna ventaja en el mediano plazo por su mayor credibilidad sanitaria. Un tema por observar es el lapso que demandará digerir la crisis. En el caso canadiense, la Unión Europea y Rusia fueron -pasado el huracán- más flexibles, abriendo parcialmente el comercio. Lo mismo hizo Estados Unidos luego de seis meses. No ocurrió lo mismo en otros casos, como el de Japón. Como demostración de las prevenciones subsistentes, la Unión Europea, que llegó a exportar 1,2 millón de toneladas, se comprometió a reducirlas a 800.000 en la Rueda Uruguay, pero nunca alcanzó ese nivel por las restricciones sanitarias emergentes a sus casos de "vaca loca". Se verá cómo reacciona el mundo a este cóctel de "vaca loca" más aftosa. La Oficina Internacional de Epizootias será el centro de las tensiones, donde confluye la ciencia y chocan los intereses. La aftosa debería ser hoy un tema menor, no se transmite al hombre ni tampoco por la carne, siempre que se exporten cortes deshuesados y madurados en cámaras frías. Se verá entonces si, como consecuencia de la suma de los bloqueos de ambos males, se logra un cambio de las reglas sanitarias que favorezca a los países exportadores que garanticen cumplir con tales normas sobre la aftosa. En ese sentido, viene otra vez al caso la trascendencia de lograr en la Argentina un sistema sanitario agroalimentario de primera calidad. Esto vale para las carnes, para todos los productos y también para seguir siendo un país libre de vaca loca. En este último sentido, la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria, acaba de aconsejar el más estricto control de las normas sobre la alimentación de nuestro ganado. |
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